Cuerpo Positivo Número 12
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Luego de la introducción del tratamiento antirretroviral altamente eficaz contra el VIH (HAART, por sus siglas en inglés) a mediados de la década del noventa, muchos expertos sostuvieron la idea de que iniciar un tratamiento potente en forma temprana (“pegar pronto y fuerte”) podría reducir el riesgo de progresión de la enfermedad, y posiblemente erradicaría el virus.
Pero como a largo plazo se encontraron efectos adversos de la medica-ción antirretroviral (particularmente: complicaciones metabólicas — redistribución de la grasa corporal, elevación del colesterol y los trigli-céridos o el azúcar en la sangre—, con el consiguiente aumento del ries-go cardiovascular) y se llegó a la conclusión de que la erradicación del virus con las drogas disponibles era inalcanzable, la infección por VIH se comenzó a tratar más tardíamente, en especial cuando aparecieran síntomas de progresión de la enfermedad. Fue así como las Guías para el tratamiento del VIH en Europa y los Estados Unidos recomendaron el inicio del tratamiento antirretroviral (TARV) con recuentos de CD4 entre 200 y 350, indicando que debería iniciarse más temprano si se tuvieran síntomas relacionados con la inmunosupresión (caída de las defensas) y que debería considerarse, aun con un recuento de CD4 mayor, en aquellas personas con una carga viral alta (mayor a 100.000 copias/ml). Sin embargo, evidencias recientes sugieren que el tratamiento tempra-no podría ser más beneficioso. Varios estudios han demostrado que es más probable alcanzar la supresión viral (carga viral no detectable, o menor a 50 copias/ml) cuando la carga viral pretratamiento es relati-vamente baja (menor a 50.000 copias/ml) y alcanzar un recuento de CD4 cercano a lo normal cuando los valores basales (antes de empezar a tomar los medicamentos) se han mantenido siempre relativamente altos. Aun así, el inicio temprano del tratamiento implica costos y conlleva la posibilidad de alterar la calidad de vida a causa de los eventos adversos a corto y largo plazo, y por otra parte existe el riesgo de generar cepas resistentes de VIH, con lo cual se complicarían o dificultarían las posi-bilidades de tratamiento futuras.
Si el objetivo de la terapia antirretroviral es bajar al máximo la carga viral (mantener al virus por debajo de los niveles de detección en la sangre) por el máximo tiempo posible, la prescripción de un trata-miento ARV implica elegir el mejor esquema (combinación de medi-camentos ARVs) para lograrlo. Una buena noticia es que en la actualidad, con los nuevos antirre-trovirales disponibles, el objetivo de alcanzar niveles de carga viral indetectable (por debajo de 40 o 50 copias/ml) se plantea para todos los estadios de la infección por VIH, incluyendo los casos de fracaso o fallo virológico múltiple (virus multirresistente). Dicho de otro modo, el concepto de tratamiento en personas ’’experimenta-das’’ (con varios esquemas de antirretrovirales que han fallado, o con cepas de VIH resistentes) fue cambiando, ya que hoy es posible, con las nuevas drogas, lograr niveles de carga viral indetectable a pesar de las prolongadas exposiciones previas a ARVs. Las guías o normas de tratamiento se modifican según las experien-cias y datos surgidos de los consensos entre expertos, a los que se suman nuevos medicamentos —quizás menos tóxicos o que demos-traron ser más eficaces— y se restan aquellos que dejaron de utili-zarse. En este número de Cuerpo Positivo nos ocupamos de las novedades en el tratamiento antirretroviral y ofrecemos a nuestr@s lector@s un panorama de los nuevos medicamentos con sus dosis, efectos adver-sos e interacciones con otros fármacos.
     
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